Leyendas
Esto no se abre como vitrina. Se abre como fogón: con el apuro dejado afuera.
Cómo entrarle
Entrale como quien se sienta a oír a un abuelo: sin carreras y sin apurarlo, que estas cosas no se cuentan de pie.
Estas cosas no se guardaron tanto por puro gusto del espanto. En más de un patio sirvieron de aviso, de regaño y de memoria.
En cada página van dos letras en la misma libreta. Primero Guáncher cuenta como oyó. Después, más abajo, en «Lo que quedó apuntado», alguien anota de dónde salió y qué no se puede jurar. Las dos hacen falta: sin la primera esto es un fichero; sin la segunda, es un invento.
Si algo te incomoda, mejor. Ahí es donde la leyenda empieza a hacer oficio.
Fuentes para seguir escarbando
Estas tres sirven para todo el archivo, así que quedan aquí y no repetidas en cada leyenda. Las de cada aparecido van en su propia página, al final, con nombre y año. Y si querés la bibliografía completa, esa vive en el atlas.
Las cincuenta
El país entero de un solo golpe: las cincuenta leyendas que Guáncher recogió, en orden alfabético y sin esconder ninguna. Todas con su página abierta y sus versos al aire.
¿Las querés ver por región y por familia, no por nombre? Para eso está el atlas. Y si buscás una que no aparece en esta lista, puede que ande en otras leyendas, donde quedan anotadas las que todavía no tienen página propia.
50 leyendas a la vista
La Base Secreta del Platanar
Rumor de montaña en San Carlos: una instalación escondida entre la niebla del Platanar que nadie termina de encontrar ni de desmentir.
Las leyendas nuevas también nacen. A esta se le ven los brotes.
Entrarle a la leyendaBruja de Bijagua
Racimo de historias de Upala y alrededores: una bruja, una princesa, una chancha enamorada y un cerro con nombre de juicio final.
Un pueblo que todavía inventa espantos es un pueblo que todavía habla.
Entrarle a la leyendaLa Bruja Zárate
Bruja de las peñas de Aserrí que encanta la piedra, vuelve roca los pueblos y convierte gente en animal.
Donde manda Zárate, el orden común se va de vacaciones.
Entrarle a la leyendaLas Brujas de Escazú
No una bruja: un pueblo entero. Escazú, con sus vuelos de noche, sus cuevas y María la Negra a la cabeza.
Fama que otro pueblo escondería, Escazú la carga con orgullo.
Entrarle a la leyendaEl Cadejos
Perro negro descomunal que se le pega al que anda solo de noche por camino de campo. En algunas versiones hay uno blanco que en vez de castigar, protege.
Si vas limpio, cuida. Si vas torcido, te respira en la nuca.
Entrarle a la leyendaLa Carreta sin Bueyes
Carreta que se oye rodar de madrugada sin buey que la jale, rondando la casa del avaro o del que tiene cuentas pendientes.
Lo pendiente aprende a sonar, y cuando aprende, nadie duerme tranquilo.
Entrarle a la leyendaLa Cascada de la Novia
En Orosí, una novia recién casada cae al río el día de su paseo de bodas. La catarata se quedó con su nombre.
Una dicha que duró lo que dura un susto de caballo.
Entrarle a la leyendaLa Cegua
Mujer bellísima que pide jalón en un camino oscuro. Cuando el jinete se propasa, ella vuelve la cara: es de yegua.
No castiga la belleza: castiga la cabeza que la volvió trofeo.
Entrarle a la leyendaLa Chirimica
Espanto de un tramo exacto de camino entre Tesalia y Linda Vista, en San Carlos. Solo ahí sale.
Las leyendas grandes son del país. Las chiquitas son de uno, y por eso asustan más.
Entrarle a la leyendaEl Cristo Negro de Esquipulas en Santa Cruz
Cristo de madera oscura que llegó de Guatemala y se quedó de patrono en Santa Cruz, con promesa, marimba y fiesta grande cada enero.
La fe también viaja, y a veces llega para quedarse de vecina.
Entrarle a la leyendaEl Cuijen
El diablo vestido de campesino: unas veces jinete que reta a duelo de machete, otras galán de dientes de oro en el baile.
Cuidado con el trato que sale demasiado fácil. Pisuicas para los amigos.
Entrarle a la leyendaEl Cuyeo
Ave nocturna que va saltando adelante en el camino como si lo estuviera guiando a uno. Uno la sigue y amanece perdido.
Hay quien se pierde por no preguntar, y quien se pierde por seguir al primero que se ofreció.
Entrarle a la leyendaEl Diablo Chingo
Toro negro sin rabo y con ojos de brasa que sale en la sabana guanacasteca. Un sabanero orgulloso quiso lazarlo en día santo.
Mala idea: ese toro no se laza.
Entrarle a la leyendaEl Diablo del Puente de Piedra
En Grecia, el diablo pactó levantar un puente de piedra antes del amanecer. Le faltó una piedra.
Un gallo madrugador ha desbaratado más tratos que cualquier abogado.
Entrarle a la leyendaEl Divino Navegante
Presencia divina que aparece sobre el agua y ampara a la gente de mar cuando la noche se pone brava.
No todas las apariciones vienen a cobrar. Algunas vienen a acompañar.
Entrarle a la leyendaEl Duende
Ser chiquito del monte y del patio que esconde llaves, enreda crines y desordena la casa. Cuando ronda el fogón le dicen Cipe.
No desbarata la casa: te desbarata el centro hasta que por fin te ordenás.
Entrarle a la leyendaEl Dueño ‘e Monte
Guardián del bosque que le sale al paso al que entra a cortar de más o a cazar por puro gusto.
El monte no nació para obedecernos. Nosotros apenas vamos de visita.
Entrarle a la leyendaEl Espantajo Azul
Hombre alto envuelto en llamas azules que salía a medianoche entre Paraíso y Cartago, cerca de las ruinas de Ujarrás.
Hay horas del camino que no son para cualquiera.
Entrarle a la leyendaEl Fantasma de los Llanos
Hijo de hacendado que por celos quiso matar, y quedó galopando la pampa guanacasteca en las noches de luna.
Los celos no se entierran con el cuerpo. Siguen dando vueltas.
Entrarle a la leyendaLos Fantasmas del Sanatorio Durán
Viejo sanatorio de tuberculosos en las faldas del Irazú, hoy en ruinas. Cuentan de una monja, una niña y enfermos que no terminan de irse.
Hay edificios que se quedan con la gente adentro.
Entrarle a la leyendaEl Hermano
Nombre viejo de aparecido de camino que los diccionarios del siglo XIX alcanzaron a anotar antes de que el cuento se deshiciera.
Da más miedo el espanto del que ya nadie recuerda cómo librarse.
Entrarle a la leyendaEl Hermano Anancy
La araña pícara de los cuentos afrocaribeños, que cruzó el mar con la gente de Limón y allá se quedó contando.
A los grandes se les gana con la cabeza, no con la fuerza.
Entrarle a la leyendaIztarú
Para salvar al pueblo, un cacique entrega a su hija Iztarú al cráter. De ahí quedó el Irazú humeando.
Salvar al pueblo le costó la hija. Nadie cuenta qué opinaba ella.
Entrarle a la leyendaLa Leyenda de Barva
Un tesoro prometido, una promesa rota, y las lágrimas de una muchacha llamada Pilar que terminaron llenando la laguna del volcán.
El agua guarda mejor que la gente lo que se prometió y no se cumplió.
Entrarle a la leyendaLa Leyenda del Turrialba
Amor entre dos tribus que el padre no permitió. La tierra se abrió de golpe y quedó el volcán humeando el desgarro.
Hay amores que no caben en un valle y terminan partiéndolo.
Entrarle a la leyendaLeyendas de Pérez Zeledón
No un cuento sino un archivo entero: el repertorio de aparecidos del cantón, con pasillos de la municipalidad incluidos.
No hay cantón sin su propio surtido de espantos. El que no lo tiene, ya lo va armando.
Entrarle a la leyendaLa Llorona
Mujer que llora a la orilla del río buscando al hijo que perdió. Se oye mucho antes de que se vea.
Al que la oye no le queda miedo: le queda lástima, y esa se sacude peor.
Entrarle a la leyendaLa Luz de Muerto
Lucecita que flota, salta y llama de noche en potrero o camino. Dicen que marca un entierro de plata.
Puede señalar un tesoro o puede señalar tu perdición. A veces es la misma cosa.
Entrarle a la leyendaEl mero del muelle de Limón
Pez enorme que vive bajo el viejo muelle de Limón, con conchas y perlas pegadas a la barriga, y que nadie ha logrado sacar.
No todo lo que un pueblo guarda es para asustar. Algo es puro asombro.
Entrarle a la leyendaEl Mico Malo
Mono grande, negro y de ojos de fuego que ronda puentes y casas de noche. Mitad bestia, mitad diablo.
Se le quita con rezo, dicen. Pero primero hay que acordarse de rezar.
Entrarle a la leyendaLa Mona
Mujer vuelta bestia peluda por rencor o brujería, que cruza caminos y raspa los techos de noche. En Guanacaste le tienen respeto del bueno.
Cuando una mujer se enoja de verdad, siempre sale alguien diciendo que se volvió animal.
Entrarle a la leyendaLa Monja del Vaso de Agua
Monja que anda de noche por los pasillos del Hospital San Juan de Dios ofreciéndole agua al que se está muriendo.
El único espanto del país que en vez de asustar, da de beber.
Entrarle a la leyendaLos Muerras
Gigantes de tradición indígena que bajan de la serranía cuando alguien se mete demasiado adentro del monte.
Del pueblo para allá, la montaña ya tiene dueño.
Entrarle a la leyendaNandayure
Princesa chorotega de Nicoya. Cuando le faltaron el respeto, la respuesta le cayó a la tierra entera, hasta en forma de plaga.
Ofender a quien manda la tierra sale caro, y no lo paga uno solo.
Entrarle a la leyendaEl Oso Caballo
Oso hormiguero gigante que el miedo fue agrandando hasta dejarlo de guarda del bosque.
Pregúntele al que entró con motosierra.
Entrarle a la leyendaEl Padre sin Cabeza
Sacerdote decapitado que camina de noche los caminos de las iglesias viejas, con el breviario abierto y sin cabeza para leerlo.
El que predicaba bonito también pena lo que escondió. Y sin cabeza, peor.
Entrarle a la leyendaEl Paso de la Vaca
En un portal navideño josefino, al buey le pusieron tetas por error y quedó de vaca. El barrio se quedó con el nombre.
La risa repetida también funda lugares.
Entrarle a la leyendaLa Piedra de San Isidro
En San Ramón, Yumbaruti —la Virgen del Sol— iba camino al sacrificio cuando un rayo partió la piedra en dos.
Cada cien años vuelve la tormenta a contar lo mismo, por si alguien se olvidó.
Entrarle a la leyendaLa Piedra del Encanto
Peñas y cueva del cerro La Carpintera, en Tres Ríos, donde dicen que hay tesoro guardado y seres que no son de este mundo.
Al que va por amor, la cueva lo deja entrar. Al que va por oro, lo deja adentro.
Entrarle a la leyendaEl Pirata sin Cabeza
Corsario decapitado que sigue cuidando de noche, en la playa de Tivives, el tesoro que ganó con sangre.
Ni la muerte lo soltó del botín. Eso también es una condena.
Entrarle a la leyendaRincón de la Vieja
Curubandá perdió a su amado en el cráter y se quedó a vivir sola en el volcán, vuelta curandera. La vieja del rincón.
Le dicen vieja como si fuera insulto. En ese volcán, es título.
Entrarle a la leyendaRío Celeste
Río del Tenorio que amaneció azul porque Dios, al terminar de pintar el cielo, lavó ahí los pinceles.
La ciencia tiene otra versión, igual de linda.
Entrarle a la leyendaEl Sisimique
Gigante peludo que vive donde el monte se cierra, en la raya entre lo sembrado y lo bravo.
Al monte se entra pidiendo permiso, y él es el que lo da.
Entrarle a la leyendaEl Sombrerón
Jinete pequeñito de sombrero enorme que llega de noche a cantarle serenata a una muchacha, y de paso le trenza las crines a los caballos de la casa.
Encanto que entra cantando y, cuando uno se descuida, ya viene mandando.
Entrarle a la leyendaEl Tesoro de la Isla del Coco
En la isla más remota del país, en medio del Pacífico, dicen que descansa el botín que los piratas escondieron.
Lo han buscado por siglos. La isla lleva siglos ganando.
Entrarle a la leyendaTradiciones Indígenas
Bribri, cabécar, chorotega, maleku, brunca: un país oral entero que los repertorios en español apenas rozaron.
Esta página los nombra. No los cuenta, porque no le tocan.
Entrarle a la leyendaLa Tulevieja
Mujer con sombrero de tule que vaga por pantanos y quebradas llamando a un hijo que perdió, imitándole el llanto.
El monstruo se lo pusieron después. Primero le pusieron la culpa.
Entrarle a la leyendaLa Virgen de los Ángeles
En Cartago, Juana Pereira halló una imagen pequeña sobre una piedra. La guardaba, y la imagen volvía sola al mismo sitio.
La Negrita escogió dónde quedarse, y ahí sigue esperando a los romeros.
Entrarle a la leyendaLa Virgen de Ujarrás
Imagen hallada en una caja flotando sobre el agua. Cuando quisieron llevársela del sitio, se puso imposible de cargar.
De aquí no me voy, dicen que dijo. Y no se fue.
Entrarle a la leyendaLa Yegüita
En Nicoya, dos hombres iban a matarse por una mujer. Se les metió una yegua en medio y detuvo la sangre.
Todavía le bailan cada año, por si vuelve a hacer falta.
Entrarle a la leyenda
Las mismas cincuenta, por región y por familia
La lista de arriba va por nombre, que es la forma más pareja de no perder a ninguna. Pero las leyendas no viven sueltas: se juntan por territorio (Guanacaste sabanero, Cartago de vírgenes y volcanes, Zona Norte de luces, Caribe de memoria oral más ancha) y por familia, porque unas son primas de otras aunque cambien de nombre.
Para eso está el atlas: ordena estas mismas cincuenta por geografía y por parentesco, y cuenta de dónde vienen como conjunto y cómo se emparientan entre ellas.