Leyendas

Esto no se abre como vitrina. Se abre como fogón: con el apuro dejado afuera.

Cómo entrarle

Entrale como quien oye hablar a un abuelo: sin carrera, sin ganas de jugar de vivo y con la escucha apenas ladeada.

Estas cosas no se guardaron tanto por puro gusto del espanto. En más de un patio sirvieron de aviso, de regaño y de memoria.

Si algo te incomoda, mejor. Ahí es donde la leyenda empieza a hacer oficio.

La leyenda buena no da discurso. Te acomoda una frase y se va.

Las que ya tienen canto

Estas son las que Guáncher ya se sentó a cantar de frente: unas cuidan, otras jalan la oreja y otras dejan al pueblo pensando más de una noche.

Detrás de estas nueve ya se abrió también el atlas del país entero.

Si el pueblo las guardó tanto tiempo, por algo sería.
Acuarela de Guáncher andando con guitarra por un trillo entre pueblo y monte, como quien va recogiendo historias
Del fogón para afuera el mapa sigue: pueblo, cerca, barro y otra historia esperando más adelante.

El país entero también habla

La libreta nueva no se quedó solo en el Valle Central. Ya entraron Guanacaste sabanero, Cartago de vírgenes, volcanes y espantos azules, Zona Norte de luces y sustos locales, Caribe de memoria oral más ancha, y también costa, hospital, llano y muelle.

Algunas de esas leyendas todavía no tienen canto propio, pero ya dejaron de vivir escondidas en la investigación.

Una cosa es el puñado que ya se canta. Otra, el país entero que todavía sigue hablando por debajo.