Para pasar la noche
Esta libreta no está para explicar el repertorio de Guáncher. Está para guardar lo que se le queda pegado cuando baja el volumen: cosas mínimas y escenas domésticas que igual forman a una persona.
Es la parte menos escénica del sitio: el cuaderno donde uno apunta lo que todavía no quiere volver discurso.
Lo que la sangre recuerda
Hay gente que no caminó descalza por el barro, pero igual lleva el barro en alguna parte. Tal vez no entre los dedos. Sí en la sangre.
Algo de campo viene todavía en nosotros: café recién chorreado, gallo necio, patio húmedo, aguadulce pasado de dulce, una silla plástica bien puesta. A veces uno no recuerda haber vivido eso exactamente. Solo sabe que, cuando se lo topa, el cuerpo afloja como si lo reconociera.
La noche que cayó antes de tiempo
Una de las cosas finas que tuvo este país fue la noche sin tele. No era aburrimiento. Era junta.
Bastaba que un abuelo se aclarara la garganta y pusiera la mano en la rodilla — señal de que la noche iba en serio — para que la sala se llenara de montes, carretones y mujeres de río.