Biografía de Guáncher

Aquí no se viene a oír el personaje. Se viene a ver de qué mezcla salió y por qué terminó firmando con un nombre aparte.

De dónde viene

Nadie sabe con precisión dónde nació, y eso también le conviene. Hay quien lo pone en un pueblito cafetero; otros dicen que salió de una canción sin terminar. Él prefiere pensarse como mezcla rara: algo de muchacho de campo, algo de humor atravesado y algo de reserva mal resuelta.

Guáncher no es un apodo de vitrina. Es un nombre que se le quedó. Y desde entonces lo lleva como se lleva un sombrero bueno: sin lucirlo demasiado.

“No nací para estrella. Nací para vereda.”

Su escuela

Su escuela fue el cafetal. Su primera música salió de una bisagra que chirriaba con ritmo, de una caja de tomate con ligas y de una tía cantando boleros sin saberse la letra.

Después vino la guitarra prestada, el abanico usado de micrófono y la maña de escuchar lo que otros no estaban oyendo. Desde ahí supo que no quería cantar bonito. Quería cantar verdad, aunque raspara.

Cuándo apareció Guáncher

Guáncher nació el día en que se cansó de firmar con su nombre. No porque le estorbara, sino porque lo que estaba saliendo ya no parecía pura identidad civil. Parecía mezcla de herencia, observación, cuento viejo y broma medio triste.

Guáncher es más libre que él. Se permite sonar feo si es honesto, reírse en medio de una letra triste y escribir cosas que a veces lo asustan por lo ciertas.

Cómo habla

No canta para que lo entiendan entero. Canta para que alguien diga: “qué raro esto… pero qué cierto”. Por eso el canto sale entre monte, humor y espina.

Primero hace sonreír. Después deja la frase trabajando por dentro.

Lo único que sí se sabe

No tiene apuro. La fama lo puede esperar sentada en una mecedora. Solo quiere seguir haciendo canciones que alguien escuche y diga: “ve, yo también he sentido eso y no sabía cómo decirlo”.

Si no sabés muy bien cómo describirlo, tranquilo. Él tampoco se deja encerrar fácil.

Unas cuantas cosas que sí le han oído decir

“No traigo respuestas, solo ecos.”
“La guitarra no me hizo valiente; me enseñó a no esconderme.”
“Una vez discutí con una cerca… y ella tenía razón.”
“Hay días en que cantar es lo único que evita que uno se endurezca.”
“Cuando el sendero se pone oscuro, también se vuelve más sincero.”