Dichos de mi mamá

Aquí no se coleccionan moralejas ni recuerdos bonitos en general. Aquí se guarda habla: palabras, giros y maneras de nombrar que le enseñaron a Guáncher cómo respira una casa.

La lengua que venía de antes

Antes de volverse texto, muchas de estas frases vivieron como herramienta diaria: para regañar, medir a alguien, burlarse con cariño, advertir, exagerar o dejar una verdad clavada sin necesidad de sermón.

Este glosario no quiere sonar a museo. Quiere dejar oír cómo trabajaba esa lengua heredada.

Como se decía en la casa

Mi mamá no hablaba como diccionario. Hablaba con puntería. Tenía mecedora, mucho oficio encima y un modo de nombrar a la gente o a las cosas que las dejaba retratadas en una sola vuelta de lengua.

Aquí van, por ahora, palabras sueltas, comparaciones, definiciones torcidas y modos de decir. Algunas corrían por todo el pueblo. Otras se le acomodaban a ella de una manera tan propia que ya venían con su tono pegado.

Cómo leer esto

No es un diccionario académico ni un refranero cerrado. Es un archivo de uso. Aquí puede salir una palabra apenas parada en dos patas, con su sentido al lado y, de vez en cuando, con la situación precisa en que tocaba sacarla. Está por letra para que usted lo consulte como quien va a una gaveta.

Índice de palabras

A

Acabamiento.

Esa sensación de agotamiento físico y mental que queda después de un gran esfuerzo; cuando el cuerpo y la cabeza ya no dan más y uno queda como para que lo recojan.

Atorrante.

Vago y poco dado al oficio, más amigo de pasar el rato que de componerse. De esos que viven de tumbo en tumbo y siempre traen cara de que vienen de hacer nada.

B

Birringo.

Alguien medio chueco, raro o mal entrazado, con una estampa que ya de lejos viene pidiendo explicación.

C

Como gallina con huevo.

Andar inquieto, atravesado o sin hallarse, como quien carga algo que le incomoda y no logra acomodarse.

Cuando apague Atenea.

Nunca. Se decía por Radio Atenea, emisora viejísima de Costa Rica que sonaba sin apagar, a toda hora y todos los días.

Cuerdear.

Flirtear tanteando: pulsear conversación o cercanía con intención de gusto. Tirar la cuerda a ver si del otro lado también la agarran.

D

Desguabilado.

Flojo, vencido o venido abajo de su forma. Algo que perdió firmeza y quedó chueco, aunque no necesariamente hecho un desorden.

Desparampinchado.

Algo que se despapayó o se salió de su modo; una cosa ya corrida, descompuesta o fuera de su santo orden.

E

Esmirriado.

Muy flaco, débil o de poca presencia, como si le faltara sopa, sombra y descanso.

Escarmenear.

Desenredar, sacudir o poner en orden algo que viene hecho un enredo; meterle mano a una cosa hasta dejarla más clara o más compuesta.

H

Hacer goyo.

Tratar de hacer memoria, revolver la cabeza a ver si aparece el recuerdo. Como quien menea un cajón viejo hasta que por fin cae la idea.

I

Íngrima.

Sola, enteramente sola, sin compañía ni resguardo; dejada por su cuenta.

L

La vida perdurable.

Algo que toma demasiado tiempo, lerdo y cansón, como si nunca fuera a terminar. Se usa cuando una cosa viene tan despacio que ya parece castigo con calendario.

M

Más limpio que chaqueta de salonero.

Pobrísimo, sin un cinco, bien limpio de plata. Aquí `limpio` no es aseado: es estar pelado.

Más largo que silbido de lechero.

Largo y estirado, sobre todo en el puro sonido o en la sensación de que una cosa se va y se va sin cortarse.

Más largo que un domingo sin plata.

Larguísimo, eterno y aburrido; de esos ratos que no se acaban nunca. Como tarde vacía, bolsillo pelado y reloj con ganas de fregar.

Más salado que moco de marinero.

Muy salado, con una mala suerte que no afloja; alguien a quien todo se le tuerce, aunque se levante con buena cara.

Más viejo que la maña de pifiao.

Viejísimo, de hace un montón de tiempo. En la casa de tu mamá, `pifiao` era como ella de niña entendía “pedir fiado”, sin saber todavía qué era lo que en realidad estaba oyendo.

Mucho rin-rin y nada de helados.

Pura hablada, mucho anuncio y poca cosa de verdad. Mucha campanita sonando, pero al final no aparece ni el carrito.

N

Nunca falta un zapato roto para una media remendada.

Hasta el más feo, torcido o desacomodado tiene esperanza de encontrar pareja. Siempre aparece alguien que le hace juego, aunque sea por pura misericordia del destino.

P

Patatús.

Soponcio, desmayo o descompostura repentina; un yeyo de esos que lo dejan a uno sin gracia.

Q

Quedar como cucaracha en bisagra.

Quedar entre la espada y la pared, prensado entre dos males y sin campo para salir bonito. Una situación de esas donde uno no sabe si empujar, devolverse o hacerse el muerto.

S

Se hizo coluda.

Se dice de la ropa que, después de lavarla, se estiró hacia abajo y ya no volvió a quedar bien.

Se hizo jetona.

La prenda se dio de sí de arriba, se abrió de la boca o quedó floja del cuello, rara y mal hecha.

Sentir un desconsuelo.

Parecido al acabamiento, pero más leve: una caída del ánimo y del cuerpo, como cuando a uno se le va el empuje y queda medio desinflado, pero todavía camina.

Ser muy poquito.

Ser escaso en cuerpo, fuerza, ánimo o sustancia; quedarse corto, casi sin darse a ver, como si apenas alcanzara para hacerse notar.

T

Tirar palillo.

Echar los perros con más descaro que `cuerdear`: ya no solo tantear, sino ponerse en plan de conquista.

Tulenco.

Renco o medio trastabillado al caminar; alguien que va como torcido o resentido de una pierna.

V

Virolo.

Callejero y amiguero, más de andar afuera que de estarse quedito en la casa. De esos que agarran calle y solo aparecen cuando ya huele a comida.

Z

Zarcetear.

Andar de un lado para otro sin asiento, salteando vueltas y agarrando calle. Tiene más movimiento inquieto que simple vida callejera.

Lo que quedó en el aire

Estos dichos no los inventó mi mamá. Los heredó. Los oyó en cocina, en misa, en visita y en vuelta de pueblo. Lo que los hizo suyos fue el momento en que los decía: justo cuando uno los necesitaba sin saber que los necesitaba.

"Un dicho bien puesto vale más que un consejo largo. Entra fácil y se queda trabajando por dentro."
"Mi mamá no levantaba la voz. Lanzaba un dicho y ya. El silencio que seguía hacía el resto del trabajo."
"Hay frases que uno entiende de niño como se puede, y las termina de entender de viejo, cuando ya no hay a quién agradecérselas."