La Tulevieja

El pantano también guarda rabia.

Introducción

En las orillas donde el agua no corre y el aire huele a hoja podrida, algo se mueve entre los tules. No es viento. Es recuerdo de castigo. Es la tierra anotando cuentas pendientes con paciencia que no necesita apuro.

Historia

La Tulevieja aparece envuelta en vegetación, como si la tierra misma hubiera cosido un cuerpo con lodo y tallos. Dicen que ronda a quienes juegan con promesas y dejan heridas donde juraron cariño.

Su figura es torpe y elegante a la vez: una contradicción viva, profundamente tica, como esos caminos que parecen rectos y de pronto se vuelven quebrada. Quien la ve de cerca siente que la piel se le llena de monte.

No corre. No necesita. Espera. Y en esa espera hace más daño que un grito. La naturaleza tiene memoria larga y cobra con intereses lo que le deben.

Interpretación

La Tulevieja es naturaleza torcida por la conducta humana. No castiga por capricho: devuelve, con intereses, lo que fue sembrado sin cuidado. Es el monte reclamando lo que le prometieron y nunca llegó.

Eco en la música

En las canciones de Guáncher, su eco entra como percusión de agua estancada y cuerdas que parecen enredarse entre sí. Es el monte reclamando su parte en la melodía. No hay prisa en ese ritmo: solo espera y raíz.