El sonido que la anuncia
Primero se oye: madera, eje y lastre. Sonido viejo, de pueblo tico. Por eso asusta tanto escucharlo de medianoche, cuando nadie anda trabajando y el camino debería estar mudo.
Dicen que pasa cerca, cruza el pueblo y se pierde rumbo al cementerio. Al día siguiente, alguien falta. Por eso se le tiene respeto: porque no avisa con palabras, avisa con ruido.
La versión vieja
En el pueblo se cuentan dos versiones. En una, la llevaba un carretero cruel que reventó a sus bueyes; al morir, su terquedad quedó pegada a la madera y la carreta siguió sola.
En la otra, era del diablo y los bueyes se negaron a jalarla. Igual termina igual: la carreta no se detiene y no llega vacía.
Por qué es tan tica esta leyenda
La carreta es símbolo nacional: color, trabajo de mano, paciencia campesina. Ver una carreta pintada es ver oficio tico hecho madera.
Por eso pega: lo mismo que llevó café al mercado, en la leyenda lleva almas al cementerio. Hasta la muerte, aquí, camina con sello tico.
Lo que esta leyenda avisa
Don Ezequiel en San Ramón la contaba así: "la escuché tres veces y en las tres faltó alguien". La última, salió al portón con sombrero. Cuando le preguntaron por el miedo, respondió: “Miedo da no estar listo”.
Ahí está la clave: no es solo espanto, es preparación. Esta leyenda dice sencillo: arreglá lo pendiente antes de que suene.
La canción
Guáncher le escribió un vals lento: rechina, calla, rechina, calla. Lo canta una voz vieja que avisa al que viene detrás.
Si oís rodar la carreta sin buey,
no es el viento, mi amigo, ni es lluvia de abril.
Es la señora puntual que no falla la cita;
dejá lo que tengás y sentate a vivir.
Porque el rato que te queda
no lo mide ningún reloj de pared:
lo mide una rueda de madera vieja
rodando despacio por San Ramón al revés.
La canción no busca meter miedo: busca poner la vida en orden.
Consejo práctico
Si una noche oye la carreta y no la ve, haga tres cosas: una llamada pendiente, un perdón pendiente, y un “te quiero” pendiente.
Si amanece, hágalas. Si no era para usted, igual aproveche el aviso. La vida casi nunca da recordatorios tan claros.
Todavía anda por aquí
La Carreta sin Bueyes todavía suena cuando uno va dejando lo importante para después.
Lo pendiente aprende a hacer ruido. Primero bajito. Después como hierro en madrugada.