Lo que no cupo en el español
La mayoría de las leyendas que el país repite (el Cadejos, la Cegua, la Carreta) viven en español, y por eso quedaron registradas en diccionarios y recopilaciones. Pero hay otro país oral, mucho más antiguo, que el castellano apenas rozó: el de los pueblos bribri y cabécar de Talamanca, el de los chorotegas del Pacífico norte, el de los maleku del norte, el de los bruncas del sur.
En ese mundo, Sibö no es un personaje de cuento de miedo: es el creador, el que sembró a la gente como semillas de maíz. Hay relatos de origen, de animales, de cerros y ríos, que no son “leyendas para asustar niños” sino la columna de una manera entera de entender el mundo. Y buena parte de eso nunca se tradujo, ni falta que le hacía.
Guáncher dice que él canta en español lo que el español le dejó. Pero sabe, y lo dice, que hay un país que sueña en otras lenguas y no le debe traducción a nadie.
Nombrar sin apropiarse
Esta página no viene a “contar” las tradiciones indígenas como si fueran de Guáncher, porque no lo son, y meterse a resumirlas en cuatro líneas sería otra forma de la vieja falta de respeto. Lo que viene a hacer es reconocerlas: decir en voz alta que existen, que son hondas, que siguen vivas en las comunidades, y que el atlas de leyendas del país queda incompleto si finge que el repertorio en español es todo lo que hay.
Hasta los estudiosos lo advierten: los grandes corpus de leyendas costarricenses se armaron desde la huella en el español, y por eso dejan afuera, casi por diseño, lo indígena y lo afrocaribeño. Guáncher prefiere dejar la puerta abierta y la cabeza agachada: aquí hay un país oral que no le toca a él cerrar, sino apenas señalar con respeto para que otros, los que sí son dueños, lo cuenten cuando quieran y como quieran.
Versos al aire
Apunte de libreta · Lo que no traduzco
Hay un país que sueña en bribri,
otro que reza en cabécar;
yo canto en lo que me tocó,
y lo demás lo nombro sin tocar.
Lo que quedó apuntado
Los estudios sobre el corpus de leyendas costarricenses (como el de Alexánder Sánchez Mora) advierten que ese repertorio parte de la impronta dejada en el español de Costa Rica y, por eso, no incluye de forma plena las tradiciones indígenas ni afrocostarricenses. El Ministerio de Cultura, a su vez, reconoce esa diversidad de tradiciones orales como parte esencial del patrimonio del país.
Por eso aquí se nombran con respeto y sin cerrarlas: buena parte del país oral (bribri, cabécar y otros pueblos) no cabe entero en los repertorios hispanizados, y reconocerlo es parte de contar el mapa con honestidad.