La isla del cofre que nadie halla
Lejos, muy lejos de la costa, en pleno océano Pacífico, está la Isla del Coco, el pedazo de Costa Rica más remoto y más verde. Y sobre ella pesa una de las leyendas de tesoro más famosas del mundo: que ahí, en alguna cueva o bajo alguna palma, los piratas escondieron botines enormes. Se habla del llamado Tesoro de Lima y de corsarios que la usaron de escondite y caja fuerte en medio del mar.
Lo sabroso es que la búsqueda fue real. Durante siglos llegaron expediciones, mapas, aventureros y locos con pala, y la isla se los tragó a todos sin soltar el cofre. Tanto buscaron que la leyenda creció más con cada fracaso: si nadie lo encuentra, será porque de verdad está ahí, bien guardado.
La codicia que se hace al mar
A Guáncher le parece la prima marina de la Luz de Muerto y del Pirata sin Cabeza: otra leyenda donde la codicia sale a buscar oro fácil y vuelve con las manos vacías, si es que vuelve. La isla, hoy parque nacional protegido y joya de naturaleza, se quedó con su fama de cofre inalcanzable.
Y ahí hay lección, aunque vestida de aventura: hay riquezas que el deseo persigue toda la vida sin alcanzarlas nunca, y a veces lo que de verdad vale no es lo enterrado sino lo que está a la vista. La Isla del Coco terminó valiendo por su tortuga, su tiburón y su selva, no por el oro que prometía. El tesoro era la isla.
Semilla para canción
Si se vuelve canción, que tenga mar abierto y aventura: oleaje grande, un mapa viejo y un cofre que se ríe de todos los que lo buscan.
Cruzaron el mar por el oro,
cavaron la isla sin parar;
el cofre sigue escondido,
y el tesoro era el puro mar.
Lo que documentan las fuentes
La Isla del Coco, en el Pacífico costarricense, es escenario de célebres leyendas de tesoros piratas —entre ellas la del Tesoro de Lima—, que motivaron numerosas expediciones de búsqueda a lo largo de los siglos sin hallazgos confirmados. Hoy es parque nacional y sitio de Patrimonio Mundial reconocido por su biodiversidad marina.
Más que espanto, es leyenda de codicia y aventura: la riqueza fácil que se persigue y no se alcanza, y un lugar cuyo verdadero valor terminó siendo natural, no el oro prometido.