Tenorio · Agua · Color

Río Celeste

El río que amaneció azul porque Dios, al terminar de pintar el cielo, lavó sus pinceles en sus aguas. La ciencia tiene otra versión igual de linda.

El río donde Dios lavó los pinceles

En las faldas del volcán Tenorio corre un río de un azul que no parece de este mundo. La leyenda lo explica con una imagen hermosa: cuando Dios terminó de pintar el cielo, bajó a lavar los pinceles en ese río, y el celeste se le quedó pegado al agua para siempre. Por eso se llama Río Celeste: porque lleva, literalmente, el color del cielo.

Es una de esas leyendas que no asustan ni regañan: explican el paisaje con poesía. No hay castigo, no hay muerto, no hay deuda. Hay nada más un Creador artista y un río que tuvo la suerte de que le lavaran encima la pintura del firmamento.

Guáncher dice que hay leyendas que no vienen a darte miedo. Vienen a darte ganas de creer que el mundo lo pintó alguien con buen gusto.

La poesía y la ciencia, las dos verdaderas

A Guáncher le gusta esta porque demuestra que la leyenda y la ciencia pueden convivir sin pelearse. La leyenda dice: Dios lavó los pinceles. La ciencia dice: el agua se ve azul por un fenómeno óptico, porque trae en suspensión unas partículas minerales finísimas que dispersan la luz del sol justo en el azul. Las dos explican el mismo milagro; una con poesía, la otra con microscopio.

Y él no escoge. Cree que un país necesita las dos cosas: el dato que enseña y la imagen que enamora. Saber que es dispersión de luz no le quita ni un gramo de belleza al cuento de los pinceles. Al revés: uno mira el río más celeste sabiendo que ahí, en ese azul, se dan la mano la física y la fe.

Semilla para canción

Si se vuelve canción, que sea limpia y luminosa: cuerda clara como agua, sin sombra, con el asombro de quien ve por primera vez ese azul.

Apunte de libreta · Río Celeste

Lavó los pinceles el Creador
y el cielo se le cayó al río;
la ciencia dice que es la luz,
y yo digo que es bonito por partida doble, amigo.

Lo que documentan las fuentes

La leyenda popular atribuye el color del Río Celeste, en el área del volcán Tenorio, a que Dios lavó allí los pinceles con que pintó el cielo. La explicación científica documentada es complementaria: el tono azul se debe a un fenómeno óptico, la dispersión de la luz solar por partículas minerales (aluminosilicatos) en suspensión donde se juntan dos quebradas, no a un pigmento disuelto.

Aquí conviven las dos lecturas: la imagen poética que enamora y el dato que se puede aprender, sin que ninguna le quite valor a la otra.