El Sisimique

Gigante peludo del monte centroamericano que en Costa Rica asoma como advertencia de frontera salvaje: al monte se entra pidiendo permiso.

El que vive donde el monte se cierra

El Sisimique no es vecino de sala: es figura de borde, de monte adentro, de quebrada honda y selva donde la gente entra hablando duro y sale hablando bajito. Se lo imagina grande, peludo, medio humano y medio bestia, pariente de ese Sisimite que se cuenta por toda Centroamérica, el hombre salvaje de la montaña.

Guáncher lo entiende como el tamaño que toma el miedo cuando uno se cree dueño de un lugar que apenas lo tolera. No es un espanto de camino con dirección fija: es la montaña misma poniéndose de pie, peluda y enorme, para recordar quién manda en lo hondo.

Para Guáncher la cosa es sencilla: hay montañas donde vos no mandás. Entrá callado, hacé lo tuyo y salí antes de que oscurezca.

La misma familia del límite

Es hermano del Dueño ‘e Monte, del Oso Caballo y de los Muerras: toda esa familia de figuras que vigilan el bosque y marcan la frontera entre lo humano y lo salvaje. En ese ciclo la selva no es decorado: tiene voluntad y tiene quién la cuide.

Por eso acá no se le inventa una versión cerrada. En Costa Rica las leyendas se heredan como semillas: cambian de mano, de clima y de acento, pero conservan una raíz que reconoce quien las escucha con calma. La del Sisimique es la raíz más antigua de todas: respetá el monte, que el monte responde.

Versos al aire

Apunte de libreta · El Sisimique

Entrá al monte hablando bajito,
que el grande peludo está oyendo;
no sos dueño de esta montaña,
sos visita, y ojalá te estés yendo.

Lo que quedó apuntado

El Sisimique es pariente centroamericano del Sisimite, el ser peludo y salvaje del monte. En Costa Rica se asoma junto al Dueño ‘e Monte, el Oso Caballo y los Muerras. Los papeles lo siguen a trechos y cada región lo cuenta a su modo; Guáncher lo deja así, montuno y sin amarrarlo a una sola versión.

De dónde le viene el nombre sí se sabe, y viene de lejos. Adolfo Constenla Umaña le siguió la palabra hasta el nahuat /tsitsimit/ y presentó el hallazgo en 1995 como su discurso de incorporación a la Academia Costarricense de la Lengua. La conclusión es que el Sisimique no nació aquí: bajó, de boca en boca, desde el norte de Centroamérica, y llegó nombrando una cosa bastante más brava que un ogro de monte. Aquel tsitsimit era un tipo de gigante, y su oficio era robarse mujeres.

Eso deja ver por qué el personaje se siente distinto de los otros guardianes del bosque. El Dueño ‘e Monte cobra por talar de más; el Oso Caballo cobra por cazar por gusto. Este vino cargando otra amenaza desde antes de cruzar la frontera, y en el camino se fue quedando con lo del monte porque era el monte lo que había que temer.

Carlos Luis Sáenz lo metió en El Abuelo Cuentacuentos (Editorial Costa Rica, 1975), que es por donde muchos chiquillos lo conocieron sin saber de dónde venía la palabra.

Referencias consultadas

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