La princesa que se quedó en el volcán
Cuenta la tradición guanacasteca que Curubandá, hija del cacique de la zona, se enamoró de Mixcoac, hijo de un jefe de tribu enemiga. El padre, para acabar el amor, capturó al muchacho y lo lanzó al cráter humeante del volcán. Curubandá quedó sola, con su dolor y, en muchas versiones, con un hijo de aquel amor.
En vez de volver al pueblo, se retiró a vivir en las faldas del volcán, sola, año tras año, hasta volverse vieja. Ahí se hizo curandera famosa, sabia en plantas y males, y la gente subía a buscarla. Por eso al volcán le quedó el nombre: el rincón de la vieja, el de aquella mujer que se quedó a vivir con su pena en lo alto de la montaña que se tragó a su amor.
Guáncher dice que hay dolores que en vez de matar a una persona, la vuelven sabia. La vieja del rincón es de esas: el cráter le quitó el amor y le dejó el oficio de curar.
Cómo la cuenta Guáncher, variantes y todo
Guáncher avisa que de esta hay varias versiones, y no quiere casarse con una sola. En unas, Curubandá lanza también a su propio hijo al cráter para reunirlo con el padre; en otras, simplemente envejece curando. Lo que no cambia es el corazón del cuento: un amor partido por la rivalidad entre tribus y una mujer que convierte la soledad en sabiduría.
A él le conmueve que el nombre del volcán sea, en el fondo, el homenaje a una mujer. No se llama por el cacique ni por el guerrero: se llama por la vieja, por la que se quedó, por la que aguantó. El paisaje guanacasteco le puso a su volcán más bravo nombre de abuela sabia. Eso, para Guáncher, dice mucho de la tierra.
Versos al aire
Apunte de libreta · La Vieja
Se tragó el cráter a mi amado,
me quedé sola en la montaña;
no bajé al pueblo a llorar:
me hice vieja curando, que es otra hazaña.
Lo que quedó apuntado
La leyenda del Rincón de la Vieja circula en el repertorio guanacasteco con varias versiones: la más difundida liga el nombre del volcán a Curubandá, princesa cuyo amado Mixcoac fue lanzado al cráter por el padre de ella, y que se quedó a vivir y a curar en la montaña hasta envejecer. Algunas variantes añaden el sacrificio del hijo en el cráter.
Conviene tratarla como tradición regional viva, sin fijar una versión única: explica el topónimo del volcán a partir de un amor trágico entre tribus y de una figura femenina de saber y soledad.