El Pirata sin Cabeza

Un corsario decapitado que sigue cuidando, en la playa de Tivives, el tesoro que ganó con sangre. Ni la muerte lo soltó del botín.

El guardián que no descansa

En la playa de Tivives, en el Pacífico, por los rumbos del Peñón y las bocas de los ríos Jesús María y Grande de Tárcoles, se cuenta de un pirata sin cabeza que vigila un tesoro enterrado. Fue corsario, ganó su botín con violencia, y al morir (decapitado) quedó atado a lo que robó. No puede irse: tiene que seguir cuidando de noche, en la arena y entre los árboles, las riquezas que le costaron tanta sangre ajena.

Es la imagen perfecta de una condena: un muerto que no descansa porque su tesoro no lo deja. La cabeza la perdió, pero la codicia se le quedó pegada al cuerpo, y con esa codicia hace guardia eterna sobre un cofre que ya no le sirve para nada.

Guáncher dice que el peor castigo no fue perder la cabeza. Fue quedarse cuidando para siempre algo que ni muerto puede gastar.

Lo mal habido sigue cobrando

A Guáncher esta leyenda le sirve para una verdad vieja y terca: la riqueza obtenida por la fuerza no trae paz. El pirata tiene el oro, sí, pero no tiene descanso. Lo mal adquirido sigue reclamando deuda incluso después de la muerte, y el dueño termina siendo esclavo de su propio botín.

Hay justicia poética en eso. El que pasó la vida quitándole cosas a los demás se queda, en la otra vida, amarrado a una cosa, sin poder soltarla. El tesoro deja de ser premio y se vuelve cadena. Por eso el pirata no goza: vigila. Y vigilar eternamente lo que robó es, quizás, la forma más fina de pagar.

Versos al aire

Apunte de libreta · El Pirata

Perdí la cabeza, no la codicia,
y cuido en la arena lo que robé;
el oro que gané con sangre
es la cadena con que me quedé.

Lo que quedó apuntado

El Pirata sin Cabeza se documenta como fantasma decapitado que guarda un tesoro pirata en Tivives, con variantes que mencionan el Peñón, los ríos Jesús María y Grande de Tárcoles, y el recuerdo de las incursiones asociadas a corsarios como William Dampier y Bartholomew Sharp.

La hemeroteca ayuda con la fecha: Crónicas de La Unión reproduce «El Pirata sin cabeza» tal como salió publicado en 1941, así que ya andaba en papel hace más de ochenta años. Dónde estaría el entierro no lo dice ninguna versión, ni la vieja ni las nuevas. Y así tiene que ser: el que cuida no suelta el dato.

Referencias consultadas

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