El toro que no era toro
En el mundo sabanero de Guanacaste se cuenta de un toro negro descomunal, de cornamenta imponente, ojos como brasas y rabo corto o sin rabo (de ahí lo de “chingo”). Se aparece en potreros y montes, y al mandador o sabanero orgulloso le hierve la sangre: quiere lazarlo, domarlo, demostrar que él puede con cualquier animal.
Pero ese toro no es animal. Es castigo con cuernos. En la versión más conocida la persecución ocurre en Viernes Santo, día en que no se debe trabajar ni alardear, y el hombre que lo desafía queda condenado a perseguirlo para siempre, sin alcanzarlo nunca.
Hay valentías que son soberbia con sombrero. El Diablo Chingo vino justamente a separar las dos.
Por qué a Guáncher le gusta el regaño
Guáncher, que es de admirar al sabanero, igual reconoce que esta leyenda le jala la oreja a su propia gente. El sabanero vive de su coraje, de su destreza con el lazo, de no rajarse ante ningún toro. Y justo por eso necesitaba un cuento que le dijera: hay un toro que no es para tu coraje, y el día que confundás valentía con irreverencia, vas a galopar tras él hasta el fin de los tiempos.
No castiga el ser bravo. Castiga el creerse dueño de todo, incluso del día sagrado. Es una leyenda que pone al hombre más recio de la pampa a entender, por las malas, que hay fuerzas que no se someten a lazo.
Y esta tiene una cita que a Guáncher le eriza. Dicen que cada Viernes Santo, a las tres de la tarde, cruzan la pampa dos sombras una detrás de la otra, y que si uno se queda quieto alcanza a oír, de lejos, tres cosas: el grito de un sabanero, el ladrido de un perro y el bramido de un toro. El mandador sigue en la persecución. Va como en el minuto uno, y ya lleva siglos.
Versos al aire
Apunte de libreta · El Chingo Negro
Le tiré el lazo en Viernes Santo,
creyendo que era mi destreza;
desde entonces galopo y galopo
y el toro negro nunca se endereza.
Lo que quedó apuntado
El Diablo Chingo o Chingo Negro pertenece al repertorio sabanero guanacasteco y se relaciona con el ciclo ganadero de la región; las fuentes lo describen como toro negro gigantesco, de rabo corto o ausente, ojos de brasa y gran cornamenta, perseguido por un mandador irrespetuoso que queda condenado, a menudo por desafiarlo en Viernes Santo.
Castiga siempre lo mismo, cuéntela quien la cuente: trabajar en día santo, confundir valentía con soberbia y creer que toda fuerza del campo se somete con lazo y coraje.
Sobre la edad tiene fecha aproximada, y la puso Carlos Arauz, que anda recogiendo estas cosas en Guanacaste. Su cuenta va así: el ganado llegó a estas tierras en 1560, con Juan de Cavallón; las primeras haciendas guanacastecas se levantaron entre 1600 y 1770; y es en ese lapso, con la sabana ya llena de reses y de hombres a caballo, cuando aparece el Chingo. O sea que el toro no es más viejo que el ganado: nació con él. La leyenda tuvo que esperar a que hubiera sabaneros para tener a quién asustar.
Referencias consultadas
- Mitos y Leyendas CR: el mandador y el Chingo Negro
- Diario Digital El Independiente: origen guanacasteco del mandador y el toro chingo negro
- SciELO / Káñina: “Leyendas de cañas dulces” (Neldys M. Ramírez) y el ciclo sabanero guanacasteco
- Diccionario de guanacastequismos: entrada “Diablo Chingo”, con la datación colonial que propone Carlos Arauz
- Zeledón Cartín, Elías. Leyendas ticas de la tierra, los animales, las cosas, la religión y la magia. Editorial Costa Rica, 2012. ISBN 978-9977-23-984-2