El Diablo del Puente de Piedra

El diablo construyó casi entero un puente de piedra en Grecia. Casi. Le faltó una piedra, y por culpa de un gallo madrugador.

El trato del gallo

En Grecia, Alajuela, se cuenta que un hombre necesitaba un puente sobre el río y no tenía cómo hacerlo. Apareció el diablo (el Cuijen, pues) con su oferta de siempre: yo te lo construyo en una noche, antes del primer canto del gallo, y vos me das el alma. El hombre, apretado, dijo que sí.

El diablo se puso a trabajar con furia, piedra sobre piedra, y la obra casi se terminaba. Pero el hombre, más vivo que desesperado, se adelantó: hizo cantar al gallo antes de tiempo. El diablo, creyendo que ya había amanecido, soltó todo y se fue furioso, dejando el puente con una piedra de menos en el arco. Esa falta, dicen, todavía se ve.

Guáncher lo resume así: al diablo no se le gana siendo más fuerte. Se le gana madrugándole al gallo.

La astucia que salva, justo a tiempo

Esta leyenda es de las alegres, de las que el pueblo cuenta con una sonrisa de complicidad. Aquí el cristiano no vence por santo: vence por pícaro. Hizo el trato (ahí ya metió la pata), pero supo deshacerlo antes de pagar el precio. Esa es la moraleja fina: la astucia solo vale si rompe el pacto antes de que el mal cobre.

Mezcla lo sagrado con la malicia campesina, que es justo de lo que Guáncher vive. El puente quedó cojo para siempre, sí, pero el alma se salvó. Y un puente con una piedra de menos es mejor recuerdo que un alma con un dueño de más.

Hay un detalle que a Guáncher lo deja pensando. Durante todo el siglo XIX, por encima de ese puente pasaron las carretas de bueyes cargadas de café, bajando hacia Puntarenas para que el grano se fuera en barco a Inglaterra. O sea que el puente que el diablo dejó a medias terminó de camino real: por ahí cruzó, rechinando, la plata que levantó este país. Cada boyero que lo pasó iba encima de un trato que no se pagó.

Versos al aire

Apunte de libreta · El Puente

Cantá, gallito, cantá temprano,
que el diablo ya casi termina;
una piedra de menos en el arco
vale más que un alma vendida.

Lo que quedó apuntado

La leyenda figura en los materiales del Ministerio de Educación Pública, que la sitúan en Grecia y explican el detalle de la piedra faltante del arco como huella visible del episodio: un pacto con el diablo para construir un puente antes del canto del gallo, deshecho por la astucia humana al hacer cantar al ave antes de tiempo.

Su enseñanza es transparente: no se pacta con fuerzas oscuras, y la astucia solo salva cuando rompe la alianza antes de que el precio se cobre.

El puente existe y se puede ir a ver. Está sobre el río Poró, en el flanco suroeste del volcán Poás, y le da el nombre al sexto distrito del cantón de Grecia. La geología lo explica sin quitarle nada: no lo puso nadie ahí, lo fue abriendo el agua. Miles de años de erosión sobre roca volcánica —depósitos ignimbríticos— terminaron dejando el hueco en el medio de la piedra. La Revista Geológica de América Central le dedicó un estudio que hasta se pregunta en el título si es arco o es puente natural, y lo fecha en el Pleistoceno Medio. Desde el 21 de abril de 1994 es patrimonio natural del país, y de esa clase quedan pocos en el mundo.

Las dos versiones caben. Los papeles dicen erosión; el pueblo dice que faltó una piedra porque cantó un gallo. Ninguna de las dos le quita el sueño a la otra.

Referencias consultadas

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