El trato del gallo
En Grecia, Alajuela, se cuenta que un hombre necesitaba un puente sobre el río y no tenía cómo hacerlo. Apareció el diablo —el Cuijen, pues— con su oferta de siempre: yo te lo construyo en una noche, antes del primer canto del gallo, y vos me das el alma. El hombre, apretado, dijo que sí.
El diablo se puso a trabajar con furia, piedra sobre piedra, y la obra casi se terminaba. Pero el hombre, más vivo que desesperado, se adelantó: hizo cantar al gallo antes de tiempo. El diablo, creyendo que ya había amanecido, soltó todo y se fue furioso, dejando el puente con una piedra de menos en el arco. Esa falta, dicen, todavía se ve.
La astucia que salva, justo a tiempo
Esta leyenda es de las alegres, de las que el pueblo cuenta con una sonrisa de complicidad. Aquí el cristiano no vence por santo: vence por pícaro. Hizo el trato —ahí ya metió la pata— pero supo deshacerlo antes de pagar el precio. Esa es la moraleja fina: la astucia solo vale si rompe el pacto antes de que el mal cobre.
A Guáncher le gusta porque mezcla lo sagrado con la malicia campesina, que es justo de lo que él vive. El puente quedó cojo para siempre, sí, pero el alma se salvó. Y un puente con una piedra de menos es mejor recuerdo que un alma con un dueño de más.
Semilla para canción
Si se vuelve canción, que sea pícara y rápida, con un gallo cantando antes de tiempo y un diablo pateando piedras de la rabia.
Cantá, gallito, cantá temprano,
que el diablo ya casi termina;
una piedra de menos en el arco
vale más que un alma vendida.
Lo que documentan las fuentes
La leyenda figura en los materiales del Ministerio de Educación Pública, que la sitúan en Grecia y explican el detalle de la piedra faltante del arco como huella visible del episodio: un pacto con el diablo para construir un puente antes del canto del gallo, deshecho por la astucia humana al hacer cantar al ave antes de tiempo.
Su enseñanza es transparente: no se pacta con fuerzas oscuras, y la astucia solo salva cuando rompe la alianza antes de que el precio se cobre.