El Cuyeo

El ave que se hace la que te guía y en realidad te pierde, salto a salto, hasta que ya no sabés ni para dónde queda tu casa.

La guía que no es guía

El Cuyeo es ave de noche, oscura, difícil de ver, y su maña es fina: se posa adelante en el camino, y cuando uno se acerca, levanta vuelo un trecho y se vuelve a posar. Uno la sigue pensando que va bien, que esa cosa adelante marca el rumbo. Salto a salto, lo va metiendo en el monte, hasta que el caminante levanta la cabeza y ya no reconoce nada.

El nombre no se lo puso nadie: se lo puso él. De noche canta y lo que se le oye es cuyeo, cuyeo, y así se quedó llamando en medio país.

También le echan la culpa de chupar la leche de vacas y cabras, así que no solo extravía gente: amenaza el corral, la comida, el sustento. Es el espanto que ataca por dos lados: te pierde y te empobrece.

Guáncher avisa: cuidado con lo que va adelante haciéndose el que sabe el camino. No todo lo que guía, guía bien.

Lo que enseña sin sermonear

Esta leyenda es un manual de prudencia disfrazado de pájaro. Primero: no andés solo de noche confiándote. Segundo, y más fino: desconfiá de la guía demasiado servicial, de la que aparece justo cuando estás perdido y te va llevando con una seguridad sospechosa. El Cuyeo no te empuja al abismo; te deja que te pierdas vos solo, siguiéndolo de buena fe.

Es de las más modernas sin proponérselo: hoy también hay cuyeos que se posan adelante prometiendo el camino corto, y uno los sigue salto a salto hasta amanecer perdido. Cámbiele las plumas por una pantalla y verá.

Versos al aire

Apunte de libreta · El Cuyeo

Voló adelante, me hice el listo,
lo fui siguiendo sin pensar;
cuando alcé la vista era otro monte
y mi casa, ni señas de dónde estará.

Lo que quedó apuntado

El Cuyeo está registrado en el español de Costa Rica desde el Diccionario de Carlos Gagini (1892) y reiterado en los diccionarios posteriores; el corpus académico lo describe como ave nocturna que extravía caminantes y a la que la creencia rural atribuye también la succión de leche del ganado.

El pájaro existe y tiene apellido: Nyctidromus albicollis, el tapacaminos común, de la familia de los chotacabras. Las fichas naturalistas explican las dos partes del cuento sin desarmarlo. Lo de perder al caminante es su manera de escapar: no huye de un solo, levanta vuelo un trecho corto y se vuelve a posar en el suelo unos metros adelante, otra vez y otra vez, y el que va detrás cree que lo están guiando. Lo de la leche también tiene explicación, y es más bonita que el mito: alrededor del ganado que está amamantando se junta una nube de insectos, y el cuyeo vuela ahí abajo con esa bocaza abierta, cazando. La gente lo vio pegado a las ubres y sacó la cuenta que parecía obvia.

Su enseñanza, sencilla y útil, es la del camino: no caminar de noche sin cuidado, no fiarse de toda guía insistente y cuidar los animales del corral.

Referencias consultadas

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