El Cristo que llegó de lejos
El Cristo Negro de Esquipulas no nació en Santa Cruz: llegó. La devoción viene de Esquipulas, en Guatemala, donde se venera una imagen morena de Cristo crucificado, y por los caminos de la fe centroamericana esa devoción fue bajando hasta plantarse fuerte en Guanacaste. En Santa Cruz se volvió cosa propia: patrono, promesa y motivo de fiesta grande.
Cada enero, el pueblo se vuelca. Hay marimba, hay comida típica, hay baile, hay promesa que se paga con romería. Lo religioso y lo folclórico se abrazan hasta que no se sabe dónde termina el rezo y empieza la parranda. Por eso a Santa Cruz le dicen la Ciudad Folclórica.
Cómo lo cuenta Guáncher
Esta no es leyenda de espanto, y Guáncher no la disfraza de tal. Es relato de devoción, de los que explican por qué un pueblo entero le pone el corazón a una imagen. Lo que a él le conmueve es el viaje: una fe que cruzó fronteras sin pasaporte y echó raíz como si hubiera nacido ahí.
Detrás de la fiesta hay algo serio: la identidad. Santa Cruz no celebra solo a un Cristo; se celebra a sí misma, su marimba, su cocina, su manera de ser guanacasteco. La devoción se volvió el clavo del que cuelga toda la cultura del lugar.
Semilla para canción
Si se vuelve canción, que tenga marimba y promesa: alegría de enero con un fondo grave de fe que viajó mucho para llegar.
Moreno vino de lejos,
moreno se quedó a reinar;
Santa Cruz le baila en enero
lo que no sabe rezar.
Lo que documentan las fuentes
La devoción al Cristo Negro de Esquipulas en Santa Cruz está documentada como tradición religioso-cultural guanacasteca: deriva del culto al Cristo moreno de Esquipulas (Guatemala) y se expresa en las fiestas patronales de enero, que hacen de Santa Cruz un centro folclórico nacional reconocido. Más que espanto, es relato de identidad y devoción.
Se inscribe en la familia de leyendas y tradiciones que sacralizan un lugar y le dan a una comunidad un centro de memoria, fiesta y pertenencia.