Los Muerras

Gigantes u ogros de tradición indígena que bajan de la serranía: el miedo hecho frontera, el aviso de que más allá del pueblo hay peligro.

Los que bajan de la serranía

Los Muerras son gigantes, ogros, devoradores: seres desmesurados que la tradición indígena ubica bajando por la serranía de Tilarán o por los lados del Río Frío. No son espanto de camino ni aparecido de iglesia. Son lo que vive del pueblo para allá, donde ya no llega ni el perro ni el grito de nadie.

A su alrededor andan los relatos de raptos, de mujeres llevadas, de guerreros que tienen que defender al grupo. Donde aparecen los Muerras, el bosque deja de ser despensa y se vuelve amenaza: la línea donde el mundo conocido se acaba y empieza lo que come gente.

Guáncher dice que todo pueblo necesitó un monstruo en la frontera. Era la manera vieja de decir: hasta aquí es nuestro; de aquí en adelante, cuidado.

El miedo que protege

Guáncher entiende a los Muerras como una cerca hecha de miedo. En un mundo sin mapas ni señales, donde internarse en territorio ajeno podía costar la vida (por animales, por enemigos, por puro perderse), una leyenda de gigantes que devoran cumplía un servicio: mantener a la gente, sobre todo a los más jóvenes, dentro de los límites seguros.

No es maldad por maldad. Es lo que había en vez de rótulo: no te metás solo donde no conocés, no subestimés el monte, acordate de que del otro lado también hay quien vive y no te está esperando con café. El gigante era la manera de decirlo sin tener que explicarlo dos veces.

Versos al aire

Apunte de libreta · Los Muerras

Bajan los grandes de la serranía,
donde el pueblo ya no alcanza a cuidar;
no pasés la raya del monte, muchacho,
que del otro lado hay quien se te puede tragar.

Lo que quedó apuntado

Esta llega en pedazos, y conviene decirlo de una vez. Escrito hay poco: notas del norte —Guananoticias los ubica entre Tilarán y Upala— y recopilaciones abiertas que repiten las mismas tres cosas: gigantes que bajaban de la serranía, mujeres robadas, hombres armándose para defender el rancho. Nadie los ha estudiado como se estudió la Cegua o la Llorona, y por eso no hay versión fija ni nombre de quién la contó primero.

De dónde vienen sí está claro: del lado maleku y de los pueblos del Río Frío, no del repertorio que llegó en español. El estudio del IPGH sobre el asentamiento maleku sirve para ubicar el contexto, pero no cuenta la leyenda. Esa habría que ir a oírla donde todavía se cuenta, y eso está por hacerse.

Referencias consultadas

¿Qué huella te dejó esta leyenda?