La Mona

Mujer vuelta bestia peluda por rencor o brujería, que cruza caminos y raspa los techos de noche. En Guanacaste le tienen respeto del bueno.

La que cruza el techo de noche

La Mona es muy de Guanacaste, y es de brujería pura. Cuentan que es una mujer que aprendió a transformarse en una criatura peluda, entre humana y simiesca, de ojos encendidos, que sale de noche a cruzar caminos, saltar sobre los techos, raspar las paredes y vigilar desde los árboles. En algunas versiones, la transformación necesita su hora y su planta: medianoche y flor de chilamate. Se la oye más de lo que se la ve, y eso la vuelve peor.

Su origen casi siempre se liga a una mujer envidiosa, vengativa o resentida: el rencor y el poder la desfiguran hasta volverla bestia. Detrás suele haber un marido infiel, una rival amorosa, un pueblo que sospecha y chismea. La Mona es el mal amor y la mala sangre hechos animal de noche.

Guáncher dice que la Mona no nace mona: se hace. Y lo que la hace no es magia tanto como rencor dejado crecer sin podar.

El miedo a la mujer que se sale del molde

Guáncher la lee con cuidado, porque la leyenda tiene una trampa vieja. Por un lado avisa, de verdad, que el resentimiento y la hechicería degradan a quien los cultiva. Por el otro, carga el miedo antiguo del pueblo a la mujer con pasiones fuertes, a la que no se deja mandar, a la que se sale del molde: a esa la imaginaban convertida en bestia.

Por eso él la cuenta con dos verdades. Sí, el odio cultivado afea el alma (eso vale para cualquiera). Pero también hay que oír, debajo, el regaño injusto que un pueblo le echaba a las mujeres por sentir demasiado o por no obedecer. La Mona asusta; pero la lección más honda es mirar quién decidió que sentir fuerte fuera cosa de monstruo.

Versos al aire

Apunte de libreta · La Mona

Raspó el techo, cruzó el camino,
peluda de tanto rencor;
no nació bestia, la hicieron,
entre el chisme, los celos y el dolor.

Lo que quedó apuntado

La Mona se asocia sobre todo al ámbito guanacasteco y al tema de la brujería: una mujer transformada en criatura peluda, de ojos encendidos y hábitos nocturnos, cuyo origen se liga al rencor, la envidia o la venganza, con marido infiel, rival amorosa y vecindario que sospecha como personajes recurrentes.

Cubero-Vásquez y Villanueva-Monge la llevaron al aula y publicaron la experiencia en InterSedes (UCR); en Kansas la comparan con la Mona Bruja del resto de Centroamérica. Del lado de acá tiene parientes cercanas —la Chancha entre ellas— y todas caen en la misma familia de mujeres transformadas del Pacífico norte. Ninguno de los dos llega al principio del asunto. Y ahí está la gracia: el testimonio de Nicoya que recoge El Independiente la cuenta como cosa vista, con hora y con lugar, mientras las recopilaciones la cuentan como cosa oída. Entre el que la vio y el que la oyó se mueve todo lo que hay.

Referencias consultadas

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