La Base Secreta del Platanar

Leyenda nueva de montaña: niebla, rumor y una puerta que nadie termina de encontrar. Joven, sí, pero ya trabajando como leyenda.

Lo que se cuenta por San Carlos

En las faldas del Platanar, donde la niebla baja temprano y el monte se cierra como cortina, la gente habla de una base escondida. Que si luces raras, que si gente que entra y no cuenta lo que vio, que si una puerta en la montaña que solo aparece cuando no la andás buscando. Cada quien le pone su detalle, y el detalle cambia según quién lo eche.

Lo que se repite es lo que le da fuerza. Unos dicen que era laboratorio de los gringos; otros, que base naval; otros que aquello era el Área 51 de nosotros, metido entre robles. Y hay una parte que casi todos cuentan igual: que una vez unos policías se metieron a averiguar y que los superiores los mandaron a devolverse. Los cazadores, que son los que de verdad andan por ahí, dan versiones parecidas sin haberse puesto de acuerdo. Nunca se supo dónde quedaba, ni para qué era, ni si existió.

No es relato de abuelo de hace cien años. Es de los nuevos, de los que nacen ahora mismo, en la era del teléfono y la foto borrosa. Pero nace igual que nacieron los viejos: de una montaña que impone y de un pueblo que necesita explicarse el respeto que le tiene.

Las leyendas no se jubilan ni se mueren de viejas: se siguen pariendo. El Platanar apenas está estrenando la suya.

Por qué Guáncher la mete igual

Hay quien dirá que esto no es leyenda “de verdad” porque es reciente. Guáncher no traga ese cuento. Toda leyenda fue nueva alguna vez; el Cadejos también fue, una noche, el susto fresco de alguien. Lo que vuelve leyenda a una historia no es la edad: es que el pueblo la adopte y la vuelva a contar cambiándole cosas.

Y el fondo es el de siempre, el más viejo de todos: la montaña que no se deja entender, el monte que guarda algo, y la sospecha de que ahí adentro uno no pasa de visita. Cámbiele el decorado, póngale niebla moderna, y verá que debajo late el mismo respeto antiguo.

Ayuda saber dónde pasa esto. El Platanar y el Porvenir están adentro del Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco, como a diecisiete kilómetros al sureste de Ciudad Quesada, y ahí mismo queda la laguna del Pozo Verde. No es un monte cualquiera al que uno le inventa cosas: es de los que todavía se cierran de verdad. Una leyenda de puerta escondida necesita una montaña que aguante la idea, y esa la aguanta.

Versos al aire

Apunte de libreta · La Base del Platanar

Entró la niebla primero,
después entró la pregunta;
la montaña no contesta,
solo guarda y se apunta.

Lo que quedó apuntado

Esta es de las leyendas jóvenes: vive más en la boca y en la crónica cultural de la Zona Norte que en libro viejo. Guáncher no le pone canas prestadas. Lo que sí se sabe es que los cuentos se mudan y se vuelven del pueblo que los adopta; los inventarios culturales de San Carlos todavía recogen ese movimiento.

Guáncher la cuenta entonces con honestidad de fogón: relato joven, raíz vieja, y la montaña del Platanar haciendo de siempre lo que hace toda montaña que impone.

Referencias consultadas

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