El gigante de abajo del muelle
En Limón cuentan de un mero descomunal que vive en las aguas de abajo del viejo muelle. No un pez grande: un pez monstruoso de tamaño, que dicen llega a los nueve metros, con la barriga incrustada de conchas y hasta de perlas de tanto año bajo el agua. Y lo mejor: es vivo, listo, esquiva todos los anzuelos y todas las redes. Nadie lo ha pescado, y nadie lo va a pescar.
No es un espanto que castigue ni una culpa que pene. Es pura maravilla. El mar Caribe, que es generoso y exagerado, necesitaba un habitante a su altura, y la imaginación portuaria le inventó este: el rey escondido del puerto.
Guáncher dice que no toda leyenda viene a regañar. Algunas vienen nada más a recordarnos que el mundo todavía guarda cosas grandes que no hemos visto.
La leyenda que celebra en vez de asustar
El Caribe tiene tono propio, y eso se agradece. Mientras el Valle Central llena la noche de castigos y aparecidos, Limón saca un pez gigante y se ríe de asombro. Es otra manera de habitar el misterio: no con miedo, sino con orgullo de puerto, con esa fantasía marina de los que viven mirando el horizonte.
El mero enseña por asombro, no por susto: recuerda que bajo la superficie de lo cotidiano (del muelle de todos los días, de la rutina del puerto) siempre puede haber escondida una magnitud que no nos imaginamos. Y que está bien dejarla ahí abajo, sin pescarla, para que el puerto nunca se quede sin su maravilla.
Versos al aire
Apunte de libreta · El Mero
Debajo del muelle, viejo y enorme,
con perlas pegadas en la panza;
tírenle el anzuelo, no lo van a sacar:
ese mero es la pura esperanza.
Lo que quedó apuntado
El mero del muelle de Limón es de las historias que Limón cuenta de su propio mar: las fuentes lo describen como un pez gigantesco (de hasta nueve metros, con conchas y perlas en el vientre), demasiado inteligente para ser capturado, que habita bajo el viejo muelle limonense.
No es espanto moral sino maravilla popular: engrandece el mar Caribe y el mundo portuario, y enseña por asombro que bajo lo cotidiano siempre puede ocultarse algo extraordinario.